Minuto a minuto
Un paseo en helicóptero por el Grand Canyon, desde el aparcamiento
Pesaje, briefing, cuatro minutos de bosque y, después, el borde. El resto es lo que ha pagado.
Registro, unos cuarenta y cinco minutos antes. Documento de identidad con foto, su reserva y, después, el pesaje. Se hace en silencio sobre una báscula de suelo y no es una formalidad: el piloto usa las cifras para equilibrar la aeronave, y por eso nadie elige su propia ventanilla.
El briefing. Unos diez minutos: el arnés, las puertas, cómo acercarse y salir de la aeronave, y la norma de no caminar nunca cuesta arriba de un helicóptero en terreno inclinado. Aquí se reparten los auriculares.
La salida a pie. En fila, agachados, normalmente con el rotor ya girando. Es la parte más ruidosa del día y la que todos graban.
El despegue y cuatro minutos de bosque. Pino ponderosa plano hasta el horizonte. La gente empieza a preguntarse si le han vendido algo.
Y entonces el suelo se acaba. El bosque llega a un borde y hay un kilómetro y medio de aire bajo sus pies. Este es el momento por el que se vende un paseo en helicóptero por el Grand Canyon, y no decepciona a nadie.
El resto. El Dragon Corridor, cañones laterales que se abren uno tras otro, el Colorado como un hilo verde en el fondo y, en los vuelos más largos, el cruce hasta la otra orilla. Después, de vuelta sobre los pinos, que ahora parecen completamente distintos.